Las rutas argentinas se convirtieron, otra vez, en una trampa mortal.
Son títulos de la sección Sociedad de Clarín del mes de abril: “Cuatro jóvenes murieron ahogados cuando volvían de un cumpleaños”; “Cinco amigos regresaban de una fiesta y volcaron: murieron todos”, “San Juan, de luto: mueren cinco amigos jóvenes al chocar contra un árbol”, “Cinco amigos chocaron a la salid del boliche y murieron quemados”. Y podríamos citar muchos más, casi idénticos.
Tres argentinos murieron en un accidente automovilístico producido en el departamento de Soriano, Uruguay.
Un incidente se produjo cuando los choferes de la línea 60 se disponían a cortar la Panamericana.
Estas sugerencias tal vez salven alguna vida en esta Semana Santa.
Por primera vez en España, nadie ha perdido la vida en la carretera durante dos días consecutivos.
Una medida aislada, que no se controlará Bajar la velocidad en las calles con ciclovía vuelve a ser una medida aislada, desarraigada de un plan general para el tránsito seguro. La prioridad debería ser controlar y sancionar las máximas actuales y no continuar generando confusión con velocidades diferentes.
En la Legislatura porteña hay un proyecto de ley que apunta a multar a los peatones que crucen la calle usando un teléfono celular o un reproductor de música.
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